domingo, 3 de septiembre de 2017



EL LIDER DE LA NADA 

Debemos confesarlo aunque sea puertas adentro del politburó: nuestro gobierno a día de hoy es inmensamente impopular en las calles. Hasta tú que eres funcionario medio y no estas tan secuestrado como el resto de nosotros por las tareas burocráticas del gobierno y del partido debes saberlo bien. Cuando el camarada secretario general intenta dirigirse a los hombres y mujeres de a pie, ni remotamente estos corresponden sus gestos de acercamiento con vítores. Todo lo contrario: solo abundan las recriminaciones y las quejas. Atrás quedaron los días de las miradas esperanzadas y amables para con nuestro Joven Líder. Cuando llego al poder y desplazo de su sitio de privilegio a ese grupo de ancianos: amos y señores a la hora de entender y practicar el socialismo desde hacia no menos de dos décadas, la gente mayoritariamente creyó que nuevos tiempos de mayor participación y equidad estarían llegando para los habitantes de esta Super potencia: la misma que a las claras desfallece después de tanto heroísmo y tanto sacrificio, tras el paso de siete décadas de dulce y amarga existencia.  

Ayer  después de llamarte fui a la oficina del secretario general. Se me informo quería hablar conmigo hace días, pero yo estaba fuera del país atendiendo una reunión con los aliados de Varsovia. A la mayoría de ellos no les gusta nuestro acercamiento con los americanos. Hicieron énfasis en que nosotros debíamos defender al bloque de las amenazas imperialistas. Su mera necedad anclada en los tiempos del inicio de la guerra fría les impide ver que tenemos que entendernos con ellos, aunque a ti te diré también que en lo personal, las formas de las negociaciones actuales tampoco me convencen. Yo entiendo que el pragmatismo puede dar réditos ocasionalmente, pero sigo siendo de aquellos que cree que los principios son para defenderse, aunque para muchos esto actualmente no sea cosa que importe. Por eso y más, a penas llegado a la capital, decidí dirigirme al palacio presidencial convencido de que allí se me esperaba. Se suponía que respecto a estas conversaciones diplomáticas informaría directamente al secretario general. Pero equivocado estaba yo. El líder no quería tocar esos asuntos de momento. Pese a su importancia había decidido delegarlos en el canciller con el que se reuniría después. En esos momentos era este  uno de sus pocos leales de forma incondicional. Muchos otros personajes de importancia ya lo habían abandonado. En los días siguientes la desbandada oportunista brindaría a propios y extraños un espectáculo mayor.

“Esos imbéciles están en mi contra y actúan a mis espaldas” -- fue lo primero que me dijo apenas me saludo en su despacho--. La preocupación que le embargaba pude notarla a simple vista. Supongo que como solo estábamos nosotros dos en ese lugar no había necesidad alguna de disimular. Miro un momento por la ventana y después se dirigió nuevamente hacia mi para mencionar los nombres de tres conspiradores: “Guennadi, Valentín, Boris”. Inmediatamente agrego: “Tan diferentes y hasta opuestos entre si, pero los une el deseo de ver pronto mi eventual caída. ¡Quien lo diría hace unos años atrás! Al primero lo hice vicepresidente de la unión y al segundo lo nombre ministro de economía para que se pusiera al frente de las reformas económicas. Con esos nombramientos le di espacio en el gobierno a la línea más tradicional del partido: los más resistentes respecto a los cambios anunciados pero solo parcialmente practicados. Al último no debería ni mencionarlo: Ayer era mi más firme aliado y hoy mi principal enemigo. A veces pienso que debí enviarlo a Siberia cuando empezó a criticar públicamente mis esfuerzos y los del partido. Me falto valor, y eso tiene su costo en política. El precio a pagar no será meramente mi defenestración, ni siquiera el ostracismo de mi proyecto, sino el fin mismo de nuestro país tal como lo conocemos. Ahora la gente idolatra al que no es mas que un charlatán, eso si, con un gran sentido de la oportunidad. El compañero Boris es un peligro pues no tiene convicción alguna, tan solo persigue el poder no como instrumento sino como fin ultimo. Sea como fuere a día de hoy, creo que en buena medida nos tiene en sus manos. El panorama es este amigo mío. La verdad es la verdad. No es de hombres decentes apostar a subestimar la inteligencia de los demás”.

Esas palabras de nuestra conversación me impactaron mucho. Yo se que los funcionarios en los distintos niveles ya conocían de la debilidad del liderazgo presidencial aunque su corte se empeñara en ocultarlos. ¿En tu dependencia se llego a hablar al respecto? Un gran escritor dijo alguna vez que lo esencial no escapa a los ojos. Su corta frase trocada en sentencia aplicaba con exactitud en esos momentos pero con un inusitado dramatismo mayor. Lo que acabo de contarte lo decía un líder que parecía admitir su derrota en unos tiempos que eran sin duda alguna supremamente difíciles. Hasta donde alcanza mi memoria recuerdo que mucho más no me dijo. Ya que estaba en su oficina, aproveche para dejar en su escritorio algunos informes de los representantes de Rumanía y Checoslovaquia. Se que no los reviso. Los documentos diplomáticos no llamarían su atención en aquellos momentos. Su mente se ocupaba o se atormentaba con asuntos más importantes y trascendentes. El orden y la quietud de aquel despacho donde le encontré contrastaban grandemente con el que existía  en nuestras calles desde que la situación empezó a salirse de nuestras manos. Para ese momento el ya debía tener claro que desde dentro se planeaba como deshacerse de su figura, a la cual hasta ayer la propaganda oficial, con cierta resonancia en la prensa mundial, buscaba venderle como al gran reformador de algo que en sus formas vigentes no podía tener salvación. 

¡La política y sus despiadadas ironías! Aun recuerdo cuando en uno de sus primeros discursos, ya siendo secretario general del partido, al anunciar sus famosas medidas para fomentar la transparencia pública y reestructurar nuestra rezagada economía; me parecía ver a un líder capaz de generar confianza y buenas expectativas en un pueblo cansado de vivir de sofismas y de digerir obligatoriamente consignas pomposas. Era para mí el líder de las esperanzas: su rostro afable parecía invocar los nuevos tiempos que no deberían tardar en venir después de tantos azares traumáticos que la historia nos hizo transitar desde el triunfo mismo de la revolución. Hoy en cambio las cosas son distintas. No veo al líder que apoye en ese hombre envejecido con el que recientemente  tuve una conversación que parcialmente te revelaba en algunos pasajes momentos antes. La indecisión era su principal característica respecto a la toma de medidas que no aguardaban demoras. Ni el politburó, ni el alto mando militar, ni siquiera los funcionarios de gobierno le guardan la consideración debida, aunque puedan fingir decorosos saludos o sonrisas forzadas ante su presencia. Parecía el líder de algo que fue y que forzosamente ya no era, aunque siguiera temporalmente en pie el edificio que mas pronto que tarde sucumbiría. Era sin duda el líder de la nada. Era el líder con una burocracia enorme tras el, pero sin suficiente escucha genuina en las masas. Era el líder que tenia el poder que otorgaba el sistema vigente, pero no aquel que contase con el respaldo consecuente del enorme aparato que a si mismo le correspondía encabezar. Era el líder a quien retocaban bien en televisión para dirigirse a una ciudadana exhausta, pero no el que podía redimirla de tantas carencias y tantas frustraciones después de tantas energías invertidas. Era el líder de una potencia que había dejado de serlo y que perdía casi un imperio en sus manos. El que llego siendo un líder para renovar muchas creencias y esperanzas, terminaría siendo de forma irónica, el líder que certificaría el fin de una unión que objetivamente sin reflexionar profundamente sobre si misma ya no podía ser. 

Luis Samuel Madrid 
24 de abril de 2017

LA SOLEDAD DEL MUNDO

¿Con que ese es el titulo? Después de tanto pensar y consultar a los que somos cercanos contigo en este maravilloso mundo de las letras, con sus correspondientes implicaciones políticas y sociales, dala impresión que has cedido a la peligrosa tentación de plasmar lo mejor de tu inteligencia en un titulo cuya significación es demasiado trágica. ¿Acaso aun crees en la vigencia de ese recurso literario tan propio del romanticismo del siglo XIX? Te veo y sin que pronuncies palabra alguna ya puedo deducir el principio de tu respuesta. Con los años la madurez empieza a hacerte bastante previsible Traian. Ella quizás estando aquí tendría mi misma opinión.

Mi amigo Luis Samuel. ¿En verdad las palabras del titulo te parece que dibujan una idea trágica? Imagino que habrás podido considerar que entonces podría ahuyentar lectores potenciales. Pero fíjate en este particular detalle: Si la gente no huye muchas veces de la tragedia en sus diversas formas de expresión día tras día, sino que mas bien con cierto estoicismo se atreve a soportarla; Si la resignación y la indolencia que deben ser otras formas que la tragedia ha de tener para expresarse gana terreno entre muchos de nosotros, aunque nuestras miradas oportunamente volteen hacia sitios mas gratos y cómodos a donde mirar; te parece que un titulo con lo corto y vano que puede ser: ¿Sera verdaderamente suficiente razón para ahuyentar lectores? El mundo intelectual de hoy debería preocuparse por otras cosas. Pues miremos objetivamente a nuestro alrededor. Claro puede verse como distintos factores tienen tiempo ahuyentando de nuestro ser la inteligencia, la solidaridad, la coherencia. En esto imagino compartirás conmigo. Mas que temer menos lectores Luisito, temo que siga disminuyendo la oferta de argumentos para la reflexión en este mundo crecientemente banal. . 

Sospeche nuevamente buena parte de tus palabras, antes que pronunciaras una sola en tu anterior respuesta. Solo te falto decir que de este mundo tal cual como esta y tal cual como va, de tener la posibilidad, encantado de la vida te animarías a bajar. En una aventura como esa, alguien como yo te acompañaría también. Quizás porque como sugiere tu novela, y llevándolo a mis ultimas experiencias, cada día que transcurre se me hace mas difícil soportar la soledad en su versión tumultuosa, tan propia de las ciudades donde tu y yo crecimos y que día tras día cuesta mas reconocer, cuando miramos a ese idealizado ayer de nuestras vidas que nunca volverá a ser. Pensándolo bien, quizás después de todo, no sea malo el titulo de esas páginas que escribiste recientemente. Quizás solo se trate de una ventana suficientemente clara que nos permita ver sin tantos ornamentos  mucho de lo que somos y vivimos. 

Ahora yo soy el que sospecha la motivación de tus palabras anteriores. ¡Si pudieras verte en un espejo ahora mismo amigo mío, viendo y analizando mejor el titulo de esta novela que recién ve la luz! Al momento, algo me dice, que no exactamente consideraciones literarias son las que pasan por tu cabeza. Sino de otro tipo. De esas que en algún momento nos han hecho grandemente alegres y que a algunos, después de un tiempo, nos suelen hacer irremediablemente nostálgicos. ¿Ahora mismo ella es tu recuerdo principal verdad? ¿Extrañas más sus ojos o sus manos? Mejor no me respondas. Tu mirada indisimulable lo responde todo aunque muchas veces no quieras responder. Si algo debo reconocerte en este caso es que tu coherencia tiene mayor resistencia de la que había calculado. Contigo el tiempo y su efecto desgastante han de cruzarse de manos. Aunque ojo: ella también ha de tener sus méritos. Le reconozco también algo que a ti te falta. Ella es valiente.  Al final fue mas valiente que tu. Pues valor se necesita para condenar afectos y sonrisas a los baúles del olvido.
¿Seguramente te negabas ese escenario cuando medias tus posibilidades verdad? Apuesto que te amparaste en la razón y allí volviste a errar. Termina de entender de una vez por todas que la razón en ocasiones no es suficiente para la conquista de la victoria Luisito. 

Si algo a veces no me gusta de ti Traian, es tu gran capacidad para acertar. Quizás tu formación en psicoanálisis en el este de Europa, te ha permitido contar con esta ventaja relativa cuando te permites analizar a alguien para saber y entender un poco más de cuanto es o siente. Efectivamente extraño sobremanera sus ojos y sus manos. En tu novela también haces mención de cosas valiosas que consideras no volverás a poseer. Te duele incluso, según narras allí, ver con tus ojos como se esfuman las más bonitas de las ficciones que alguna vez habías identificado como inapelables certezas. Por tanto no me quedara tan difícil el negarme a renunciar a un recuerdo que es mucho más que una evocación idílica o una posibilidad frustrada. Es simplemente parte de lo mejor que la vida me ha obsequiado en estos últimos años. Otra cosa es que dicho obsequio haya iluminado lo mejor de mis sentires poco tiempo. Otra cosa es que lamentablemente el cariño en este mundo tenga tantos conspiradores detrás y delante de si. Otra cosa es que tanto bienquerer sea en ocasiones esquivo para algunos. ¿Acaso no lo fue también para el protagonista de tu historia? Johann también estuvo bastante tiempo solo por voluntad de tu deseo e  imaginación. Johann también conoció de cerca lo que puede ser la penumbra aunque la oscuridad física no se posara sobre su cabeza. 

Mas que por mi voluntad y deseo la soledad de ese hombre se debió a una necesidad practica. Las necesidades muchas veces son las que permiten que seamos capaces de evolucionar. El fin de esa durísima soledad plasmada en capítulos de mi novela, era iluminar mediante la reflexión a un colectivo que bien sabes parece mas que dormido, simplemente reacio a pensar, porque esto ultimo requiere algún esfuerzo, y el esfuerzo no suele ser un ideal complemento para la comodidad. Las soledades en si no siempre deberían significar el fin del mundo. Lo que pasa es que para nosotros en occidente tienen un símil en la psiquis colectiva impresionante con el Apocalipsis. Pero a día de hoy, considero que la soledad en sus diversos tipos, con todo y su amargura, ha de ser más llevadera si se le mira como potencial oportunidad. Es posible que nuestro mundo empeñado en la reivindicación de la inmediatez, esta idea alternativa no pueda completamente comprender. Pero nuestro amigo Johann si pudo pese a las lágrimas finales de sus ojos. Tú también podrás con todo y que eres reacio a renunciar a una nobleza que, a nosotros como especie,  por la misma lógica perniciosa y alienante del sistema, me parece que ya no nos definirá... 

Luis Samuel Madrid R

Caracas, 20 de julio de 2016. 

LA BAGATELA

La Bagatela como idea creo que no es exactamente mía, aunque claro está que he intentado adaptarla a los tiempos actuales que corren: en los que por cierto, me llama la atención que para muchos sea prioridad, ciertas lógicas que exacerban lo material; en vez de dos o tres preguntas de sentido común respecto a nosotros y el mundo, atrevernos oportunamente y sin temor alguno a realizar. 

La Bagatela si bien como concepto no es nuevo, he de aclarar que tampoco he cometido el previsible crimen de plagio de proyectos, ni mucho menos el de secuestro de palabras. En todo caso a estas últimas las he tomado prestadas, como debería ser tomado todo aquello que en algo pueda tener rescatable utilidad potencial o practica para la humanidad. 

Si en el hoy La Bagatela ha de ser un espacio cultural donde distintas voces inteligentes puedan tener una ventana para la expresión, no está de más saber que en el ayer, hace no menos de doscientos años, también tuvo una función similar, aunque más comprometida y hasta arriesgada. Pues su misión no era meramente llevarle algo de luz a los que no podían reconocer sus benignos efectos: su único fin no era difundir versos de apasionados hombres ilustrados. Su fin principal, que en realidad era más de uno; en aquel ayer lejano y en algo mitificado;  durante las mismas jornadas por la independencia de la Nueva Granada; bien puede resumirse en lo siguiente que ha de ser simple y complejo a la vez: El de desafiar con la fuerza de los argumentos y con el valor de las convicciones, al mismísimo poder establecido. Con todo y su iracundia, con todo y su arrogancia, con todo y su fuerza bruta, pocas veces capaz de otorgar concesiones y clemencias. 

En los actuales días del mundo en que pareciera que al hombre y a la mujer común, se les quiere hacer difícil de más de una forma, el derecho a saber para entender, y de entender para hacer o también para soñar; no puede estar de más que las voces desconocidas y modestas, unan esfuerzos para evitar que la penumbra a la que se pretende llevar a muchas inteligencias, siga ganando terreno que facilite el que la luz de la reflexión y la creación, claves para el brillo de la acción autónoma, cedan su lugar a nuevas formas de oscurantismo: el cual por cierto poco auspicio en todas las edades ha traído al entendimiento, a la tolerancia y a la persecución de la verdad.

Luis Samuel Madrid R
Caracas, 1 de agosto de 2017